
La corrupción ha generado una prolija y apasionada literatura. Desde ensayos hasta novelas, pasando por todo tipo de informes y estudios, entre los que abundan los que analizan el fenómeno (o casos concretos) desde el punto de vista psicológico. Tanto se ha pensado y escrito sobre el asunto que, inevitablemente, menudean los
expertos que están empeñados en que tal o cual factor es el más relevante, hasta el extremo de que relegan todas las demás circunstancias a simples complementos o anécdotas.
Y en ese grupo de expertos abundan los que han convertido la política en la madre de todos los males... ¿Por qué será?
Circunscribiendo el asunto a un espacio geográfico, Europa, esos expertos que apuntan siempre a la política y a los políticos acostumbran a abrir sus razonamientos con interrogantes perversos como este: ¿Por qué en España hay más corrupción que en Alemania, Dinamarca o Finlandia, países que forman parte de la Europa económicamente más desarrollada y socialmente mejor estructrada?
Y prácticamente todos los expertos que recurren a esa o a similares comparativas concluyen que la causa central de la corrupción en la Administración española es la excesiva politización de la vida institucional, señalando el excesivo poder de quienes toman las decisiones ejecutivas y nombran altos cargos en ayuntamientos, comunidades y administración central.
La madre de todas las corrupciones... ¿Seguro?
Esos empecinados expertos insisten en que la corrupción más practicada y económicamente más cuantiosa o perjudicial es la que tejen cierto número de dirigentes políticos y, ¡zas!, a renglón seguido generalizan --¡con mayor o menor disimulo!-- para satanizar a los partidos y a los políticos en general, provocando que la vida y la acción políticas sean percibidas como la fuente de casi todas las corrupciones.
Estos días, por ejemplo, ya hay quienes afirman que la trama Gürtel habría sido puesto en marcha por la dirección del PP. Esta aseveración falta a la verdad. Esa y otras tramas son puestas en marcha por individuos adscritos a un partido, a una institución, a una entidad civil o a una empresa que aprovechan las relaciones y los contactos que proporciona la organización a la que pertenecen para acceder a favores, privilegios, contratos, comisiones.
Hay corruptelas cotidianas que se practican durante años en entidades de todo tipo (desde asociaciones de vecinos hasta clubes de fútbol) o en empresas (desde supermercados hasta bancos) y no pasa nada... Y lo que es peor: ¡Nadie dice nada!, ¡nadie denuncia!
Desprestigiar la política es hacer política
La trama Gürtel no es hija de la dirección del PP, al igual que la trama Filesa tampoco fue creada por el PSOE.
La dirección del PP no ha dado instrucciones para que tales y cuales cargos públicos beneficien a fulano, mengano y perengano para que perengano, mengano y fulano saquen tajada. En todo caso, el error y la irresponsabilidad imputable al PP como partido radicaría en que defienda al conjunto de sus militantes --que en la práctica totalidad son ajenos al sainete-- recurriendo a tácticas que podrían beneficiar directa o indirectamente a los investigados, imputados y acusados.
El origen del mal apellidado Gürtel no está en los órganos del PP ni en su acción política, sino en las personas que actuando individualmente o en comandita han puesto en marcha la trama ahora investigada por policías, fiscales, jueces y magistrados.
La acción política no corrompe a las personas
El ejercicio de la política --sea profesional o sin mediar emolumentos-- no corrompe. Lo que ocurre es que la acción política, como otras actividades y en otros ámbitos, da acceso a cuotas de poder, a medios y a oportunidades. Pero la corrupción es fruto de una decisión de índole personal que no precisa ideología. Es más, la corrupción --sea pequeña o grande-- está más extendida y es más profunda en las empresas y en las entidades privadas en general que en las instituciones públicas y en los partidos.
[Seamos sinceros: Hay casos de corrupción hasta en las familias, sea por la herencia o por el trato económico que se da a unos u a otros hijos... Hablar de preferencias o de inclinaciones oculta en demasiadas ocasiones actos de pura discriminación que son injustificables. ¡No nos engañemos!]
Una vez decidido a ganar dinero fácil y ya obtenidos los primeros éxitos, el corrupto da un segundo paso: organizarse con otros para mejorar el negocio. Y luego, avanzado el proceso y a medida que se suceden los ingresos o beneficios, el grupo de corruptos da el tercer paso, que es el más arriesgado pero que permitirá multiplicar y prolongar en el tiempo las rentas: Implicar al mayor número posible de compañeros de partido, de entidad o de empresa para levantar muros de complicidad, de silencio y de miedo.
Muchos de los que afirman que la corrupción es intrínseca o consustancial a los partidos políticos persiguen objetivos añadidos que son radicalmente políticos. ¿Por ejemplo? Fomentar el apoliticismo, el nihilismo (o pasotismo) y, a la postre, alimentar el rechazo social a la democracia política.
Si las empresas, las asociaciones de vecinos, los sindicatos, las patronales, las cámaras de comercio, los juzgados, la Iglesia Católica, las oenegés, los bancos y las cajas, etcétera, etcétera y ¡las familias! fueran sometidos a investigaciones y a sanos acosos públicos y mediáticos como los que fiscalizan la actividad de los partidos descubriríamos, ¡también con hipócrita y generalizado escándalo!, los orígenes reales de la corrupción.
Corruptos tercermundistas, pero corruptos
Volviendo a la pregunta del segundo párrafo, ¿por qué en España hay, o parece haber, más corrupción que en otros países del centro y norte europeos, los más ricos?, cabe subrayar que lo que distingue la corrupción española de la belga, de la alemana o de la finlandesa son, básicamente, dos aspectos:
Numerosos corruptos españoles son singularmente chapuceros y un alto porcentaje de los mismos delinquen o se dejan implicar por cuatro pesetas (o por cuatro trajes…)
No se deje engañar: La política no corrompe, los individuos propensos a corromperse o a dejarse corromper acaban delinquiendo en su partido, en su círculo social, en su empresa e incluso entre amigos y en familia. Tanto les da.